La celebración tuvo una energía muy especial: cálida, viva y profundamente personal. Entre flores intensas, textiles, luz tenue y una escala que por momentos se sentía monumental, el proyecto fue encontrando un equilibrio entre lo íntimo y lo expresivo. Había muchísimos detalles, pero nada se sentía forzado. Todo convivía de una forma muy natural, dejando que Oaxaca, la celebración y las distintas referencias hablaran al mismo tiempo.